Posteado por: Yamil Domínguez | junio 5, 2010

“La asfixia penitenciaria”

Escrito por: Yadaimí Domínguez

 El lunes 31 de mayo, volvimos a visitar a mi hermano, quien hoy tiene 53 días en huelga de hambre y aún no hay respuesta con respecto a la solicitud de revisión del caso, presentada ante el Ministerio de Justicia, el pasado 27 de abril. Esta vez, la visita fue en el salón protocolar, donde también se recibe a los funcionarios consulares. Dicho salón está a pocos pasos de la Jefatura de la prisión, no así del hospital, por lo que Yamil fue trasladado en un vehiculo, teniendo en cuenta que su estado no le permite caminar varios metros de distancia. Al verlo, lo abrazamos. En esta ocasión yo, que me encontraba más cerca de la puerta por donde hizo entrada, tuve la oportunidad de ser la primera en sentir su cuerpo junto al mío. El saber que está tan endeble, no me permite apretarlo aún más. Supimos por él, que la semana anterior hubo dos días que no le suministraron sueros, específicamente martes 25 y miércoles 26; además, en este último, tampoco le dieron el Nutricon (Jarabe de nutrientes), por lo que el jueves 27 al tomarle el peso, había bajado 2 Kg. Al parecer, hubo una “descoordinación interna” que no tuvo consecuencias mayores pero, ésto no justifica su ocurrencia. También nos describió en detalles todo lo sucedido las últimas 72 horas antes de que lo ingresaran en el hospital. No pretendo ahora abordar este tema pero, no puedo dejar de mencionar el abuso de poder y la bestialidad de los oficiales penitenciarios, principalmente el Jefe de la Unidad #1 donde se encontraba Yamil y, por supuesto, quien se mueve detrás de él, sin dar la cara y siendo el máximo responsable: el Jefe de la Prisión. Finalmente, por recomendación médica y al estar agotado en el hospital, llevamos 3 troquel de 20, pues las venas de Yamil están muy finas debido a la prolongada huelga de hambre y los troquel existentes son demasiado gruesos. Pero, como nada nos sorprende, la jefatura de la prisión se negó a que mi hermano dispusiera de éstos. Resulta inaceptable esta negativa, cuando en ninguna parte del mundo, se prohíbe donativo de medicamentos y material médico. En este caso, Yamil los necesita y cualquier otro enfermo también pudiera requerirlos. La deshumanización es parte de la realidad penitenciaria. La vileza no se encuentra precisamente detrás de las rejas, vive dentro de cada uno de los oficiales inescrupulosos y con almas ociosas.

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