Posteado por: Yamil Domínguez | abril 30, 2010

“La dicha de ser cubano”

 Escrito por: Yamil Domínguez

 Todos los acontecimientos, por muy insignificantes que parezcan, debieran ser escritos, fundamentalmente aquellos que violan nuestros derechos. Aún cuando se trate de un hecho doloroso, podemos obtener resultados positivos; tal vez estos sucesos no le sucederían a otros, si somos capaces de denunciarlos a tiempo. Claro está que para esto, debemos comenzar por promover las libertades de pensamiento y expresión en Cuba, recogidas ambas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 Los que nacimos en la mayor de las Antillas y luego emigramos por una razón u otra, tuvimos la oportunidad de disfrutar de la libertad que en nuestra tierra natal carecíamos. Al visitar la isla, en calidad de turista, no podemos pretender gozar de todos nuestros derechos como lo hace cualquier ciudadano del planeta que visite su país natal.

 Es impresionante en este siglo XXI ver como los cubanos que viven en la isla, así como los que residen en el exterior, incluyendo a aquellos que adquirieron otra nacionalidad, no puedan tener las libertades civiles y económicas que ostenta la mayor parte del planeta. Es triste callar y resignarse, mientras desde afuera vengan extranjeros a instalar sus empresas en conjunto con el Estado y este último pagar a sus trabajadores salarios miserables. La condición de nacer en Cuba limita, cuando debiera ser una virtud.

 Si nos circunscribimos a mi caso, ¿cómo es posible que a las marinas arriben extranjeros en sus propias embarcaciones o en cruceros turísticos y yo, que también entré con la documentación en regla y por causa mayor, se me considere un delito? Los que cometimos el “crimen”  de haber nacido en Cuba no podemos anclar a ninguno de los puertos por peores que sean las circunstancias. Las revistas del Caribe publican constantemente compendios de las diversas marinas de la región. Conservo una que incluye a la Marina Hemingway y justamente en esa propaganda aparecen las regulaciones para la entrada al país por dicho puerto, sin aludir a la ciudadanía del yatista.

 ¿De qué material estamos hechos todos los que nacimos en la isla para pagar por un crimen que no hemos cometido? ¿Por qué soportar las imposiciones cuando éstas van en contra del Derecho Internacional? ¿Qué precio debemos costear los cubanos por nacimiento para que se le respeten sus derechos civiles, políticos y económicos? El gobierno cubano y sus funcionarios sí gozan de los privilegios al que privan a sus ciudadanos, pero ellos también nacieron en Cuba.

 

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