Posteado por: Yamil Domínguez | abril 17, 2010

Justicia y Solidaridad

Escrito por:  Marleny González Rodríguez

Todavía sin colgar el teléfono, sentí que mi marido quería morirse.  Tuvimos una conversación de apenas diez minutos en los que traté infructuosamente de convencerlo de que una huelga de hambre no adelantaría la revisión de su causa, que los funcionarios de la prisión carecen de potestad para otorgar la libertad de cualquier preso.  Cuando colgué el teléfono, bajo el efecto enorme de la decisión de Yamil, me pregunté, ya que no había podido convencer a mi marido en su decisión; qué podía hacer para ayudarlo.

Yamil no debía hacer su huelga en el anonimato, por lo que avisé a amigos para divulgar la terrible noticia.

El jueves fui hasta la prisión donde Yamil cumple su injusta condena para pedir una corta entrevista con mi esposo a fin de disuadirlo de la huelga; con la frustración de no obtener ni siquiera diez minutos, conversé con Gerasmo, jefe del edificio uno de la prisión Combinado del Este, y responsable por Yamil.  Gerasmo me pidió que regresara al día siguiente para darle tiempo a consultar con sus superiores.  El viernes el capitán Guerra, Jefe de Ciudadanía, me explicó que la prisión no puede permitir la visita de los familiares cada vez que un recluso “se planta” en huelga de hambre.  En cualquier caso, si Yamil no desistía por sí mismo, los sicólogos eran los encargados de hablar con él.

¿Qué puedo hacer  para ayudar a mi esposo, para lograr que se le haga justicia en un caso en que no se ha presentado ni una sola prueba  que justifique la prisión de casi tres años que cumple Yamil?

¿Cómo hacer valer la anulación del Tribunal Supremo, ignorada por el Tribunal Provincial?

El  tiempo se va entre abogados, peticiones, esperanzas, frustraciones; mientras Yamil padece las condiciones y el trato de un preso común, desesperado y carente de perspectivas, desconfiando de la justicia luego de haber sido sancionado en medio de una coyuntura política desfavorable, y totalmente ajena a su caso. Es muy triste para nosotros ver nuestros planes postergados, nuestros sueños rotos en medio de esta pesadilla.

Quiero que mi marido renuncie a su huelga de hambre, pero -sobre todo- quiero que se le haga justicia y que podamos recomponer nuestra vida en familia como tantas veces lo planeamos.

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Responses

  1. Esposo, vocablo hermoso, para establer nexo matrimonial y marido cualquiera


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