Posteado por: Yamil Domínguez | marzo 31, 2010

“Hasta donde llega la maldad”

Escrito por: Yamil Domínguez

 

A través de una carta que me hizo llegar mi madre, pude leer un artículo del periódico Granma correspondiente al 12 de marzo del presente año, cuyo título es “Parlamento Europeo se alineó a la campaña anticubana”. La vil justificación del gobierno de Cuba en aras de ocultar sus crueles realidades, es propio de los mandatos autoritarios y bárbaros.

Los artículos como estos, realizados por periodistas pagados por el gobierno cubano, tienen como fin desviar la atención del lector y colateralmente desinformarlo del contexto que afecta en sí la imagen  del régimen y continuar predicando ser arquetipo de Derechos Humanos.

Nunca antes, mi familia y yo, habíamos conocido de cerca todas las patrañas que se realizan en cada una de las instancias del país, desde un proceso investigativo donde te niegan, hasta que “ellos” determinen, el contacto con tu abogado y terminando por las sentencias que declaran elementos “probados” , donde no cuentas con una grabación o filmación para refutarlas porque no te lo permiten en la vista oral y el abogado, que es la personalidad jurídica que te representa pasa a ser sólo una figura decorativa.

La cara que el gobierno cubano muestra al mundo es justamente la opuesta a su interior; artículos publicados en su diario oficial sobre el hacinamiento en las prisiones de Europa y la violencia no son más que el espejo de las cárceles  cubanas. ¿Por qué  la prensa cubana se mantiene callada ante las crueldades internas y las continuas violaciones de los Derechos Humanos? Puedo enumerar algunas que he visto en este lugar, comenzando por jóvenes que pierden su dentadura por no tener tratamiento preventivo hasta otros que, al reclamar valientemente sus derechos a través de la huelga de hambre, en su mayoría son despojados de sus ropas, expuestos al frío y los mosquitos, sin colchones, sobre el concreto de una celda fría y húmeda, donde los médicos callan y se vuelven cómplices de aquellos que tienen las manos negras, el corazón vació y la conciencia hueca.

Si estuviera mintiendo, entonces aceptaría que me imputaran el delito de infamia. Al menos habría una razón para condenarme, pero esto procedería si estuviera mintiendo… De hecho cumplo una condena por un delito que no cometí. Si la realidad fuera otra, ¿por qué Cuba aplazó la entrada del Relator de la tortura, que debió hacerlo desde noviembre pasado?

La situación es dura y, al estar los medios informativos en manos del Estado, el pueblo vive al margen de su propia realidad. Desafortunadamente, hay que pisarle  el cayo a un cubano para que éste y su familia, palpen la desvergüenza de los sistemas jurídicos y penitenciarios de su país. Quienes hemos sido víctimas directo de las calumnias de los funcionarios, seremos los principales testigos del mañana.

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Responses

  1. Respuesta a Silvio Rodríguez

    Carlos Alberto Montaner, Abril 1, 2010

    El cantautor Silvio Rodríguez me ha hecho una pregunta públicamente. Se la voy a responder. Es un magnífico y admirado compositor al que debe tomársele en cuenta. Dice Silvio: “Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?”. La pregunta forma parte de lo que parece ser un poema o la letra de una canción inédita. El texto se titula Preguntas de un trovador que sueña y está disponible en un website llamado kaosenlared.net, vertedero ideológico en el que es posible leer elogios a los narcoterroristas de las FARC o a los asesinos de ETA, pero donde, de vez en cuando, aparecen críticas lúcidas a la dictadura cubana.

    Por supuesto, Silvio: yo firmaría esa denuncia. La CIA, como todos los servicios de inteligencia, ha hecho cosas deplorables que merecen ser censuradas. Y las ha hecho el ejército norteamericano cuando maltrató cruelmente a los prisioneros. Y las sigue haciendo el Departamento de Justicia de Estados Unidos, y hasta la Corte Suprema, cuando priva a ciertos detenidos del amparo de la ley. Todo eso, incluida la pena de muerte, me parece abominable y contrario a un verdadero Estado de Derecho en el que se respeten las libertades individuales.

    Ahora, Silvio, me toca preguntarte a ti: ¿firmarías una carta en la que se denunciaran los atropellos a los presos políticos cubanos y el acoso a las Damas de Blanco?

    Una carta en la que mostraríamos nuestro respeto por Orlando Zapata Tamayo, Guillermo Fariñas y todo aquel dispuesto a morir defendiendo su dignidad de ser humano.

    Una carta en la que solicitaríamos la condena a los policías responsables de la muerte de 41 infelices, la mayor parte niños y mujeres, que huían de Cuba en un barco en la madrugada del 13 de julio de 1994.

    Una carta en la que los cubanos les pediríamos perdón a los somalíes por la matanza de miles de personas llevada a cabo en 1977 y 78 por el ejército cubano en la Guerra de Ogadén, cuando Cuba se alió a la dictadura etíope.

    Una carta en la que se condenara la censura, el dogmatismo, el partido único, la persecución a las personas por tratar de defender sus ideas políticas, sus creencias religiosas, sus preferencias sexuales.

    Una carta en la que les dijéramos a los hermanos Castro que 51 años es un periodo demasiado prolongado para continuar imponiéndoles a los cubanos un sistema fallido y cruel en el que ya casi nadie cree, comenzando por ti, Silvio, y por tu talentoso hijo “Silvito”, músico, como tú, a quien apodan “el Libre” para diferenciarlos, porque Silvito ha decidido cantar y decir lo que piensa.

    Voy a contestar por ti, Silvio: yo creo que la firmarías. Y creo que la firmaría el 90% de los cubanos, hartos ya de esa vieja dictadura de difuntos y flores. Y te diría más: es importante que todos los cubanos interesados en salvar el futuro (porque el pasado lo hemos hecho añicos irremediablemente), los de la oposición democrática y los reformistas del régimen, como es tu caso, se encuentren en un punto medio para buscar una salida a la trampa que nos van a legar los hermanos Castro cuando decidan morirse y nos dejen como herencia un manicomio empobrecido y sin ilusiones patrullado por una legión de policías corruptos.

    Hace pocas fechas dijiste que a la palabra “revolución” hay que quitarle la “r” para comenzar a evolucionar. De acuerdo. ¿Cómo se hace ese prodigio? Se hace vaciando las cárceles de presos políticos, permitiendo la libre expresión de las ideas y la asociación espontánea y sin coacciones de las personas. No se trata de determinar ahora hacia dónde debe ir el país. Lo que se impone en este momento es abrir los cauces de participación para que los propios cubanos cambien todo lo que haya que cambiar y decidan democráticamente el rumbo que debe seguirse. Después, poco a poco, sin violencia, sin revanchas, pacíficamente, elección tras elección, las piezas irán cayendo en su lugar hasta que salgamos de la etapa actual y la sociedad, si así lo decide libremente, redefina el Estado y el perfil de la convivencia.

    ¿Hacemos esa carta juntos? Atrévete.


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