Posteado por: Yamil Domínguez | febrero 10, 2010

“Valiosa falsedad para un tribunal”

Escrito por: Marleny González

Quisiera contarles de manera concreta lo que me sucedió una vez que mi esposo Yamil Domínguez arribó a la Marina Hemingway, sobre las 8 de la mañana, el 13 de octubre del 2007.

Ese día, aproximadamente a las 3 de la tarde fueron a buscarme, bajo condición de detenida, dos agentes de la policía en un carro patrullero. Sin más explicaciones fui a parar a una estación de la  PNR (Policía Nacional Revolucionaria), donde preguntaba el motivo del porqué me encontraba en ese lugar y sólo me decían – un oficial de la Seguridad del Estado vendrá a entrevistarte-. El mismo se identificó como 1er Teniente Carlos, quien me engañó, me utilizó y me coaccionó. De inicio se sentó frente a mí, mostrándome la pistola que llevaba, preguntándome sobre la  trayectoria de Yamil y el destino de él. Yo le expliqué todo lo que conocía, así como las circunstancias que obligaron a mi pareja llegar a Cuba por vía marítima. El oficial después de oírme me dijo – a tu esposo lo acusan de tráfico de personas, le piden 25 años de prisión, hoy encontraron a 20 individuos escondidos en la costa de Cojímar, municipio Habana del Este esperando una supuesta embarcación que venía a recogerlos para emigrar ilegalmente a los EE.UU -. Yo, sorprendida y aterrada con lo que oía, le aseguraba que nada tenía que ver Yamil con esa acusación. A pesar de expresar todo lo que conocía de mi esposo, el oficial me repetía insistentemente que Yamil era el único sospechoso, sugiriéndome lo que sería mejor para él. Debía declarar que él venia a buscarme, ya que no existía lucro entre nosotros, que me veía obligada a irme de esa manera porque me habían denegado los trámites legales que Yamil había realizado para casarnos en los EE.UU; además, para que fuera más creíble, debía decir que estaba acompañada por mi hijo pues, de lo contrario, sería cuestionada y me privarían de la patria potestad sobre él, donde se llevarían al niño para un hogar de menores sin amparo filial. Todo el tiempo debía expresar que era por amor. Yo le preguntaba y me preguntaba yo misma -¿por qué tenía que decir todas esas cosas que no eran ciertas?-  mientras el oficial  me repetía y repetía – es lo mejor para él -. También me explicó que sería trasladada a Villa Marista donde me tomarían una declaración formal y dependía totalmente de mí la liberación de mi esposo o su encarcelación.

Durante el traslado al lugar antes mencionado, algo en mi interior me indicaba que no debía  decir lo que me había  propuesto el mencionado agente. Confundida y sin estar consciente de que era víctima de un manejo, me llevaron para una oficina donde me interrogaron cuatro oficiales de alto grado militar durante más de cinco horas y con temperatura extremadamente baja. Entre ellos se encontraba el Teniente Coronel Raúl Cortina Castro, quien instruyó posteriormente el proceso. Me preguntaron  sobre las personas que estaban escondidas en la costa de Cojímar (10 km al este de la entrada de la bahía de La Habana).  Yo sabía  que Yamil no tenía nada que ver con esto pero, opté decir la idea que Carlos me había sugerido.  Basado en el desconocimiento de mis derechos y violándose el artículo 59 de la Carta Magna, asumieron mi testimonio como cierto para procesar a mi esposo por un supuesto delito de tráfico de personas.  

Después de varios intentos para que el oficial Raúl Cortina me tomara una segunda declaración y éste me evadía, la abogada presenta solicitud ante el fiscal, quien aprueba dicho pedido.  En esta ocasión alego toda la realidad y la causa por la que Yamil entra a aguas jurisdiccionales cubanas; además explico el por qué mentí inicialmente y el instructor, en su afán de “proteger” al agente que me incitó y manipuló, no incluye estos aspectos en el escrito, por lo cual me vi obligada a no firmar. Por otra parte, presenté acusación contra el oficial Carlos ante Fiscalía Militar y ésta no procedió pues, según explicación de la fiscal Liudmila, era palabra contra palabra. Yamil, en su testimonio nunca admitió que venía a recoger a alguien, contraponiéndose con lo que preliminarmente me habían incitado a decir. Aquí también es palabra contra palabra; pero además, en la vista oral expresé todo el contexto desde el primer día en que se había desarrollado el proceso, así como el artificio que habían planeado, donde me utilizaron como parte de ese plan, para encausar a un hombre en un delito que no cometió, vulnerándose todos nuestros derechos civiles.

Aunque la defensa aportó todos los elementos que probaban la inocencia de Yamil (En Cuba somos culpables hasta que no se demuestre lo contrario), al juzgado (Seguridad del Estado) le bastó sancionarlo a 10 años de privación de libertad por convicción. El resto del andar ya ustedes lo habrán leído en nuestro post “Los hechos”.

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