Posteado por: Yamil Domínguez | diciembre 28, 2009

Intencionalidad Política

Escrito por: Yadaimí Domínguez

El 30 de diciembre del 2008, hace aproximadamente un año, recibimos una llamada telefónica de Yamil, comunicándonos que en ese mismo instante se declaraba en huelga de hambre y sed, reclamando de esta manera sus derechos civiles, los que han sido violados desde el 13 de octubre del 2007.

Bajo el temor y preocupación por su salud, mi madre (Inés María), mi cuñada (Marleny) y yo (Yadaimí, alias Aya), alrededor de las cuatro de la tarde del 1ro de enero de este año, nos dirigimos a Ciudadanía del Ministerio del Interior. Allí, después de dos horas de entrevistas con varios oficiales, llegó la coronel Walquiria (Jefa de Atención a la ciudadanía) y se reunió con nosotras. Brevemente le informé el caso de mi hermano y todo lo absurdo e injusto del proceso, para luego solicitarle una llamada telefónica con Yamil como única garantía de su estado físico y mental, además del derecho que nos asiste como familia y aún mayor a mi madre.

Con la información fría de que mi hermano se encontraba estable, pues jamás nos facilitaron la conversación telefónica directamente, nos retiramos del lugar, pero antes ocurrió algo que nos tomó por sorpresa (aunque ya nada nos debiera sorprender). La coronel Walquiria se había tomado el trabajo (para decirlo del mejor modo) de convocar a mi Jefe directo para que éste personalmente tuviera conocimiento de mi presencia en el lugar en un día festivo y las causas que motivaron la misma. Las palabras textuales de él (reacción predeterminada) fueron – Cuenta conmigo para lo que necesites.

Y justamente, cuando me incorporo a la reanudación de la jornada laboral el día 5 de enero, este individuo que me había brindado su apoyo, le ordenó al subdirector que me prohibiera la entrada a mi oficina. Yo, desobedeciendo la orientación, entré y comencé a recoger mis bienes propios. Apenas unos minutos después, llegó el director y sutilmente me dijo que él no me decía que me fuera, pero si me quedaba, debía analizarme en la Comisión de Expertos para que ésta decidiera mi estancia laboral.

A tal marginación, decidí abandonar el trabajo. El olor a rata no me dejaría permanecer ni un minuto más allí. Ante todo, mi familia y el apoyo incondicional a mi hermano, que además es inocente, no tiene precio porque precisamente posee un valor incalculable.

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